15 de febrero de 2010

El Príncipe Azul


Si hay un papel que se perpetúa, por más que se haya avanzado y se hayan corregido estereotipos en la literatura infantil, es el del príncipe azul. Y para muchos psicólogos y pedagogos, es el personaje más peligroso. El mito del príncipe azul se mantiene en los cuentos, en los juegos (el Kent de la Barbie), en las películas (el capitán de Pocahontas), en las novelas y revistas para adolescentes, e incluso en las destinadas a adultos, pues a las famosas que inician una relación se les sigue preguntando si aquel es, al fin, su príncipe azul. Este referente es siempre un hombre soñado, irreal, mientras que las princesas de los sueños de los chicos acostumbran a ser de carne y hueso, normalmente cantantes o actrices despampanantes. "El estereotipo de príncipe azul es perjudicial porque hace que las niñas se identifiquen con esas figuras y vean algunos elementos mágicos de ese príncipe azul en un compañero o amigo cuya conducta creen que podrán cambiar con un beso, con entregarse, porque el amor lo puede todo; y para el niño también es negativo, porque transmitimos que el príncipe tiene que conquistar, ser valiente, decidido, osado, y les enseñamos que la conquista es algo vinculado a la hombría, y que así serán más valorados por los hombres y por las otras mujeres, porque el príncipe azul siempre es deseado por el resto de las mujeres", explica Cristina Ramos. También María Rosal opina que, en cuestión de estereotipos sexistas, "lo más peligroso son las imágenes de amor romántico y sumisión que todavía encontramos", sobre todo en novelas y revistas para adolescentes. Virginia García-Lago añade que resulta muy dañino que se perpetúe que sólo la chica guapa consigue al príncipe azul y tiene éxito. "Luego viene la anorexia, el aluvión de operaciones de cirugía estética...", apunta. propio, cuidando el lenguaje y la entonación, porque las palabras no son neutras ni inocentes, los niños y niñas notan si tú censuras lo que estás contando, y también saben si son historias quehacen referencia al pasado, a cómo se hacían antes las cosas; lo más sexista de todo es que el lenguaje no sea inclusivo, que se utilice el masculino universal y se deje a las niñas fuera", dice Imaz. Coinciden con ella las maestras consultadas. "A veces basta dramatizar las escenas sexistas cambiando los elementos masculinos por femeninos para que los niños lo vean ridículo y se rían; otras veces la solución es cambiar el final y que la princesa diga al príncipe que no se casa con él porque ni siquiera le conoce y, además, prefiere ir a estudiar al extranjero", sugiere Ramos. "No se trata de dejar de lado los cuentos tradicionales o los sexistas, sino de formar lectores y lectoras críticos que disfruten con la lectura y sean capaces de interpretarlas en sus coordenadas socio-históricas, entendiendo que el momento actual responde a otros parámetros en los que no debe establecerse ninguna discriminación entre niños y niñas", afirma María Rosal Nadales, profesora de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Córdoba. Y enfatiza que, a pesar de las nuevas corrientes del mercado, la literatura infantil ha avanzado en todo lo relacionado con los estereotipos, y hay editoriales, padres y madres, y maestros y maestras que se esfuerzan a la hora de elegir las lecturas para los niños.

La Vanguardia.

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